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Published: Sunday, March 1, 2015

Parte I: Aislados Entre la Multitud
Solo tenía 13 años la primera vez que el hombre trató de violarla. Ella huyó.

Ella dice que hombre regresó, atacándola dentro de la casa de sus padres en Cuauhtémoc, un poblado en el estado de Chihuahua, México.

La empujó donde había fierros. Ella escapó de nuevo, pero esta vez estaba sangrando de la frente y tenia una cortada profunda que abarcaba desde el labio a la nariz.

El hombre, que la familia conocía, era un vecino.

A pesar de que los agentes de la policía se lo llevaron, su familia sabía que regresaría de nuevo.

Temiendo por su seguridad su madre mandó a Cristina Mendez-Diaz al otro lado de la frontera, a Phoenix, para vivir con su padre biológico. La niña no lo conocía o incluso había visto una fotografía de él.

Fue la primera vez en la vida que Mendez-Diaz fue obligada a huir. No sería la última.

Por 11 años, su vida, como la de muchos inmigrantes, ha sido marcada por el aislamiento y la pérdida de sus raíces culturales. La depresión y la ansiedad frecuentemente marcan parte de la experiencia de los inmigrantes, a medida que se adaptan a una nueva cultura separada de sus familias, círculos sociales y apoyo emocional.

Expertos dicen que hay una necesidad para servicios de salud mental que ayuden a hispanos, cuyos números están aumentando debido a inmigración, incluyendo inmigración ilegal.

Problemas de salud mental entre inmigrantes legales o no puede crear problemas sociales que afectan al resto de la comunidad.

La depresión clínica de una persona que no es tratada puede costarle a varias personas con más llamadas a la policía por disturbios domésticos, o cuando personas van a los cuartos de emergencia como resultado de abuso de drogas o alcohol.

En la cultura americana, el amplio estigma asociado con problemas de salud mental impide a mucha gente de buscar ayuda.

En la cultura hispana, el estigma tiene raíces más profundas y es considerado no sólo un problema individual, pero vergonzoso para toda la familia. Incluso ser llamado loco puede iniciar una pelea o ser el primer paso de un conflicto más serio.

Solo pedir por ayuda se convierte en razón de vergüenza.

Menos de uno de cada 11 hispano americanos con desórdenes mentales contactan a un especialista de salud mental. Estdudios han encontrado que la juventud hispana, quien pueden ser de cualquier grupo racial, sufren proporcionalmente más problemas realcionados con ansiedad, delincuencia, depresión y abuso de drogas que la juevntud blanca que no es hispana, de acuerdo con un reporte de salud mental por el Cirujano General.

Se estima que un cuarto de estudiantes hispanos de preparatoria cumplen con el criterio de tener depresión clínica, de acuerdo con la Alianza Nacional para la Salud Hispana.

Tal vez como consecuencia, las adolescentes hispanas son más propensas a intentar suicidarse que sus contrapartes afroamericanas y blancas, de acuerdo al Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Otro desafío que es compartido por muchas familias americanas de todos los antecedentes culturales – una falta de cobertura de salud mental en sus planes de seguro médico.

Algo que es más grave entre hispanos. Solamente 41 por ciento de los hispanos tienen seguro de salud con cobertura de salud mental – 20 por ciento menos que la población general – de acuerdo con una encuesta por la Asociación Psicológica Americana. No se les preguntó por su situación legal.

Aquéllos sin seguro médico pueden enfrentar largas esperas para conseguir ayuda en servicios de terapia sin fines de lucro, especialmente cuando buscan el diagnostico de especialistas como psiquiatras infantiles.

Estado migratorio también afecta la salud mental. Mayor aplicación a leyes migratorias ha agregado estrés. Una encuesta de inmigrantes hispanos, tanto legales como ilegales, encontró que el 63 por ciento dicen se sienten peor este año que el pasado, de acuerdo al Centro Hispano Pew en Washington, D.C. Al mismo tiempo, inmigrantes creen que ellos estarían peor en el país que dejaron.

Hay un temor adicional compartido por un estimado 11.9 millones de ilegales o trabajadores indocumentados viviendo en los Estados Unidos, muchos como Mendez-Diaz, que han vivido por años – que es el de ser descubiertos, llevados a un centro de detención federal y enfrentar deportación.

Este año se han marcado récords en deportaciones y arrestos hechos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, o ICE por sus siglas de inglés, de acuerdo a cifras proveídas por autoridades federales.

A nivel nacional, las deportaciones aumentaron a 345,710 hechas en un periodo de un año que terminó el 30 de septiembre, cifra superior al de 205,461 deportaciones sometidas en el 2005. Aproximadamente 300,000 personas son retenidas en detenciones cada año, incluyendo 12,500 en el Centro de Detención del Noroeste en Tacoma.

Los arrestos de inmigración separan abruptamente a hombres y mujeres de sus familias.

Repentinamente, esos atrapados en esta medida enérgica deben de navegar un sistema legal complicado y leyes de inmigración parcialmente comprendida por ellos. Sus vidas están constantemente controladas.

Todo lo que hacen detrás de un complejo federal cercado con alambre de púas es observado por los guardias. Dentro de un mes, a los detenidos se les puede decir que sus días en este país han terminado.

“Este drástico, evento repentino es como un desastre natural”, dijo Jorge Barón, director ejecutivo del Proyecto de Derechos de Inmigrantes en el Noroeste en Seattle. Muchos nunca han estado en la cárcel o han tenido la experiencia de estar encarcelados… básicamente en seguridad máxima”, dijo.

Entre más tiempo que una persona es retenida, más sufre su salud mental, dijo Barón.

“Yo ciertamente he visto la ansiedad…se hace más fuerte”, él dijo.

Casi el 10 por ciento de 1,000 hombres y mujeres retenidos en el Centro de Detención del Noroeste en Tacoma tienen prescripción de antidepresivos, de acuerdo con oficiales federales de inmigración.

Varias de estas personas en el lugar han escapado persecución, guerras civiles u otra clase de violencia de sus países de origen. Ellos entran con casos severos de salud mental como depresión, ansiedad y síndrome de estrés postraumático, dijo Claudia Antuña, una trabajadora social que dedica 20 horas a la semana haciendo evaluaciones psicológicas a detenidos para el Proyecto de Derechos de Inmigrantes en el Noroeste.

Esos problemas pueden ser intensificados con el estrés de estar en detención, dijo Antuña.

Incluso en los arrestos de inmigración más simples, por ejemplo, los hijos de las mujeres que son detenidas posiblemente están siendo cuidados por una niñera quien ignora que la madre no vendrá por ellos. Los padres repentinamente no son capaces de proveer por sus familias así “que la renta no se paga, sus pertenencias son arrojadas a las calles”, dijo Antuña.

“La severidad del shock es enorme”, dijo. “Cada una de estas situaciones son tan diferentes por si solas, pero tienen un tema en común – ellos están completamente desprevenidos y no hay nadie ayudándolos a sobrellevarlo”.




Miedo de ser vistos

Los latinos en general están sintiendo la ansiedad conectada con el aumento de actividad de ICE y otras agencias federales.

De acuerdo a una encuesta por el Centro Hispano Pew, basado en Washington D.C., casi uno de 10 adultos hispanos – tanto nacidos en Estados Unidos como inmigrantes – reportan que fueron detenidos por la policía y otras autoridades acerca de su estado migratorio el año pasado.

Más de la mitad dicen que se preocupan que ellos, o un ser querido como un familiar o amigo, sea deportado.

Este miedo es razonable.

En Washington, Oregón y Alaska, las deportaciones han aumentado más del doble desde el 2005, afectando a 10,602 personas en el período de 12 meses que terminó en septiembre.

En ese tiempo, alrededor de 52 por ciento de detenidos en el centro de detención en Tacoma vienen de México; esa cifra para los hispanos aumenta alrededor de 72 por ciento cuando se agrega a centroamericanos y sudamericanos.

Este aumento en deportaciones ha traído una ola de críticas acerca de la cantidad de cuidado de salud mental que reciben los detenidos. OneAmerica, un grupo activista para derechos de minorías en Seattle, publicó en julio un reporte en conjunción con la escuela de leyes de la Universidad de Seattle criticando al centro de detención de Tacoma.

Basado en entrevistas con 41 detenidos, el reporte del grupo estima que uno en cinco detenidos sufrió de enfermedades de salud mental que requerían atención, incluyendo depresión, nerviosismo, miedo o una combinación de desórdenes.

Lorie Dankers, portavoz regional de ICE, desestimó por completo el reporte del grupo. “No tenemos nada que esconder”, afirmó.

Salud mental es entre las cosas que todos los detenidos son examinados médicamente cuando son traídos, agregó Dankers.

Cada persona contesta una variedad de preguntas, como si han tenido pensamientos de lastimarse ellos mismos, o si han sido víctimas de una clase de abuso. Un psicólogo de tiempo completo y dos psiquiatras de medio tiempo se encuentran entre el personal de Tacoma.

Carteles a través del centro en español e inglés invitan a personas a pedir ayuda si tienen cualquiera de los síntomas clásicos de depresión – tristeza, enojo, aislamiento. Los síntomas también están nombrados en el libro que los detenidos obtienen cuando son traídos al centro de detención, dijo Dankers.

Guardias y miembros del personal también deben de reportar cualquier detenido que empieza a noalimentarse o duerme hasta tarde. Los reportes son mandados inmediatamente al personal médico para evaluación. Cualquier detenido que informa al personal que él o ella no se siente bien es mandado a hacerse un examen médico. En el otoño del 2006, ICE empezó formalmente un programa de intervención y prevención de suicidio, para entrenar al personal a observar por signos de cuidado.

No ha habido ningún suicidio en el centro de Tacoma desde que abrió en el 2004. Este centro es tambien uno de los más nuevos en el país.

El director de servicios de salud de inmigración de ICE, que testificó ante el Congreso en junio, dijo que la agencia provee a detenidos pruebas psicológicas y seguimientos, sesiones psicoterapéuticas individuales y evaluaciones, y medicamentos para el estrés, depresión y ansiedad, entre otras condiciones.

También arreglan hospitalización para pacientes con problemas de salud mental graves y monitorea a detenidos que corren riesgo de suicido.

El enfoque es en identificar los problemas más severos de salud mental que los detenidos puedan tener, dijo Pat Reilly, un portavoz nacional para ICE.

“Lo que vamos a hacer es tratar los síntomas más graves,” dijo ella. En promedio, las personas permanecen en detención 35 a 40 días, que puede no ser tiempo suficiente para ayudarlas a tratar sus problemas.

A menudo, ICE contacta a personas en el país de origen para avisarles que alguien que está regresando tiene problemas de salud mental, u otros temas médicos, para que el cuidado pueda ser arreglado ahí, dijo Reilly.

ICE gasta alrededor de $100 millones en gastos médicos al año para los detenidos a nivel nacional, dijo Dankers.

Sobre el tema de sobrepasar barreras culturales o el estigma que podía prevenir a algunos de incluso pedir por ayuda, Reilly dijo que el objetivo en general es de hacer a los detenidos psicológicamente estables, y ayudarles a “darse cuenta que están dejando este país y van a regresar a su país de origen”.




Sintiéndose intranquilo en Lynnwood

El miedo de ser atrapados por agentes de inmigración está constantemente en las mentes de las personas. En Lynnwood, unos dicen que no dejan a sus hijos jugar afuera por la posibilidad de que agentes de ICE puedan recoger a los niños u otros familiares, dijo Emily Yim, Director de Asuntos de Comunidad y Vecindarios de Lynnwood.

“Ese nivel de miedo en la comunidad existe realmente”, dijo Yim. “Realmente es real y realmente afecta las vidas de las personas”.

Se cree que las minorías conforman casi un tercio de la población de 36,432 habitantes de Lynwood. Así que la pasada primavera se pidió a un comité especial para un reporte analizando lo que está en la mente de inmigrantes, tanto ilegales como legales. La meta era intentar crear confianza y abrir las líneas de comunicación.

El reporte reveló problemas en donde la ciudad debe de trabajar. Esto incluye barreras de lenguaje y culturales, miedo y desconfianza de las autoridades, y el poder de rumores y malentendidos entre inmigrantes.

Una pregunta permanecía en las mentes de los inmigrantes: ¿Cuál es la relación entre la policía de Lynnwood e ICE, que tiene un agente en la estación de policía?

Muchos inmigrantes creen que el departamento de policía de la ciudad trabaja con el gobierno federal y agentes de aduanas en buscar inmigrantes indocumentados o ilegales, no obstante, Yim afirmó que no era cierto.

Un agente de inmigración si tiene un escritorio en el departamento de policía de la ciudad, y lo ha tenido por ocho años, dijo Karen Manser, asistente jefe de policía de Lynwood.

“El no va…a las calles y toca puertas” para encontrar a inmigrantes ilegales, añadió Manser. Su trabajo es atrapar a inmigrantes ilegales que han cometido crímenes y terminan en las prisiones y cortes de la ciudad, agregó.

A pesar de eso, personas como Blanca, que viven en Lynnwood y están aquí ilegalmente, solían creer que estarían a salvo de inmigración si no tenía problemas con la ley. De acuerdo con ella, ahora eso no la protegería a que sea mandada de vuelta a México.

La reciente actividad de ICE la ha obligado a quedarse en su hogar y solo salir de la casa para ir a trabajar, dijo Blanca, quien pidió que su apellido no fuera utilizado para esta historia.

Esto es muy diferente a como era tres años atrás cuando llegó a Washington de Michoacán.

“Hace tres años nos íbamos a lugares más lejos. Ahora nos quedamos en la casa los fines de semana”, compartió Blanca, de 35 años. Aunque no ha sido detenida por la policía, ella ha escuchado que esto le ha pasado a más personas.

En septiembre, su hermano fue detenido por conducir en exceso de velocidad en Oregón y fue mandado al Centro de Detención del Noroeste.

Durante el mes que fue retenido, Blanca dijo que se deprimió tanto que paso las tardes llorando por su hermano y su propia situación.

Ella sabía que tenía un problema, pero no quería buscar ayuda debido al costo y preocupación de dejar su casa. Ella sabía que estaba deprimida porque su comportamiento con su familia cambió. “Estaba enojada y triste alrededor de ellos”, añadio.

A pesar de eso, siguió con su vida porque creyó que no había opción. Ella debía continuar trabajando y proveyendo para su familia. Ayudó que hablaba con personas y el consuelo de sus hijos, de 13 y 10 años.

“Ser escuchado, ayuda un poco, yo creo,” dijo.

Los latinos tienen doble probabilidad de buscar ayuda de doctores o miembros de la Iglesia que de servicios de consejería, de acuerdo a la Alianza Nacional de Enfermedad Mental, una organización comunitaria nacional para personas con enfermedad mental y sus familias.

El Padre Milton Scarpett es un colombiano que realiza misas en español en Iglesias Católicas en Mount Vernon, Burlington y Sedro-Woolley. En cada oportunidad que tiene, él habla con su congregación acerca de depresión y ansiedad.

Él hace esto porque frecuentemente ve señales de depresión y ansiedad entre los parroquianos.

“La situación de inmigración crea problemas de estabilidad física y mentalmente”, dijo.

La gente muestra depresión en sus caras. Ellos se ven impotentes o como si hubieran estado llorando, dijo Scarpett.

Cuando alguien se acerca a él para hablar acerca de depresión, él los aconseja como hombre de fe, y como alguien que se ha ganado la confianza de la comunidad, dijo.

“Trato de ser un motivador para ellos en tratar de darles auto estima”, agregó.

En sus conversaciones, él trata de evaluar las raíces de sus problemas. Si el problema está en su matrimonio, porque el cónyuge está en detención, o en el proceso de ser deportado, él después los dirige a buscar ayuda psicológica y material a Servicios Comunitarios Católicos, una organización que provee varios servicios, incluyendo terapia de consejería.

Los factores culturales agregan presión a inmigrantes, pero también el clima del oeste de Washington incita la depresión, especialmente durante los días de invierno porque causa melancolía, dijo Scarpett. Las fiestas navideñas también son difíciles, anadió.

“En diciembre celebramos las fiestas en familia. Ellos vienen aquí a los Estados Unidos y están solos, y empiezan a extrañar a su familia”.




Atención no querida

Mendez-Diaz vivía y trabajaba en los Estados Unidos por una década sin levantar sospechas.

Cuando llegó a Phoenix, ella empezó a asistir a una escuela americana, pero solo se quedó por tres meses. Después de eso, una tía la ayudó a aprender inglés.

Aislada y con poca conexión con su familia que la apoyaba, ella se acercó a una persona que conocía de Chihuahua, un joven quien en ese momento estaba viviendo en Colorado, pero frecuentemente iba a Arizona a visitar familia.

A la edad de 17, dio luz a su hijo Adrian. La familia cruzó el oeste, guiados por la promesa de trabajos temporales. Había trabajo de construcción para su pareja, trabajos de restaurante y de limpieza de casas para ella.

Hace tres años, la promesa de trabajos abundantes los trajo a la región del Puget Sound y eventualmente a Lynnwood.

Ellos rentaron un apartamento, encontraron trabajo y vieron el nacimiento de su hija Camila.

Con Adrian en la escuela, un porche lleno de juguetes y una sala decorada con una gran televisión, la pareja finalmente parecía haber encontrado un frágil sentimiento de seguridad.

La suerte de Méndez- Díaz terminó con varias paradas de tráfico por la policía el año pasado: en Brier, en la carretera 99 al sur de Everett, y finalmente, en Lynnwood, donde fue multada el 10 de octubre, 2007, por manejar con una licencia suspendida.

Su licencia fue suspendida debido a una multa no pagada por exceso de velocidad, dijo Adolfo Ojeda-Casimiro, su anterior abogado de inmigración.

Mendez-Diaz fue a la corte municipal de Lynnwood el 1 de noviembre, del 2007, para declararse inocente a los cargos de manejar con una licencia suspendida. Con la ayuda de un traductor, ella pidió por un defensor público.

Mientras el Juez Douglas Fair estaba a punto de liberarla hasta su siguiente cita con la corte, él fue interrumpido cordialmente, de acuerdo a una grabación del procedimiento.

“La ciudad está en una posición de ser requerida por Inmigración y Protección de Aduanas en poner una detención de inmigración a la defensora”, le fue dicho al juez. No es claro quien estaba hablando.

A través del traductor, una Mendez-Diaz en pánico suplicó al juez.

“Tengo a mis hijos aquí, yo no sé que es lo que voy a hacer”, dijo ella.

“Lo siento”, respondió el juez. “necesita tomar asiento en el banquillo del jurado”.

Ella esperó hasta que un guardia vino por ella.

Fue retenida en la cárcel de la ciudad y retenida por tres días. Al cuarto día, los agentes de inmigración se la llevaron. Fue fotografiada y sus huellas digitales fueron tomadas en una facilidad en Tukwila, después fue trasladada en camión a Tacoma.

En el centro de detención, mujeres y hombres son mantenidos en diferentes áreas de vivienda, que se entra a través de puertas de seguridad metálicas cerradas electrónicamente. En los cuartos de mujeres, alrededor de 80 personas comparten un gran cuarto. Un miembro del personal está asignado al cuarto en todo momento.

“No teníamos ningún nombre, éramos un número”, dijo Mendez-Diaz.

A cada mujer se le asigna una litera, que están organizadas en hileras alrededor de la parte trasera del cuarto. El conteo de cabezas ocurre a las 2 a.m., 5 a.m., 11:30 a.m., 4:30 p.m., y a las 10 p.m., dijo Mendez-Diaz “Cada día teníamos que correr a nuestras camas cuando ellos empezaban a contar, uno, dos, tres”.

Todos los detenidos usan una pulsera con su fotografía, nombre y número de identificación.

Durante un típico día de 24 horas, sus únicos momentos de privacidad sin ser monitoreadas ocurre en los pocos minutos que les toma en bañarse.

Hay poco que hacer aparte de ver televisión, jugar baloncesto o caminar en un área circular atrás del cuarto con vista al cielo, o recibir pago de $1 al día por hacer lavandería o trabajo de limpieza en el centro.

“Estaba muy deprimida”, dijo Méndez-Díaz. “Yo quería que terminara rápidamente para que pudiera ver a mis hijos. Todas las personas tenían historias similares. Y en un sitio depresivo, tú te deprimes más. Yo escuchaba a gente llorar en las noches”.

Mendez-Diaz fue liberada bajo una fianza de $4,500 cinco días después de que llegó al centro.

Su espera para una audiencia en la corte fue reducida después de que agentes del centro se enteraron que ella estaba amamantando a su hija Camila, dijo Ojeda – Casimiro.

Sin embargo, Méndez-Díaz dijo, que cuando fue liberada, era imposible para ella proveer leche a su bebé.

El 3 de septiembre, casi 10 meses después de su arresto, Méndez – Díaz tenía una audiencia en la Corte de Inmigración Federal en Seattle. La sesión de 90 minutos determinaría si iba a poder permanecer legalmente en los Estados Unidos. Después, ella admitió que no estaba preparada para lo que iba a suceder.

Su caso fue programado para empezar a las 8:30 a.m. pero Méndez-Díaz no estaba en la corte . Ella llegó alrededor de 10 minutos tarde, viéndose agitada y distraída. No hubo tiempo para hablar con su abogado.

Alguien quien había prometido cuidar a Camila había cancelado, dejándola en apuros para encontrar una niñera.

Sus esperanzas de permanecer en los Estados Unidos estaban en un pedido para asilo. Su abogado pidió que la audiencia fuera cerrada al público para tratar de calmar su falta de voluntad de confesar los detalles, que incluían los ataques en México.

En la corte, su abogado presentó una copia del reporte de la policía de México detallando lo que pasó en abril de 1997.

Más de una década después – en diciembre del 2007 – el mismo hombre, de ahora 32, regresó a la casa de su familia en México y golpeó a su padrastro cuando él se negó informar donde ella estaba viviendo, dijo su abogado.

Cuando era el turno de ella para decir su caso, Méndez-Díaz estaba sorprendida en saber que tenía que dejar su asiento, al lado de su abogado, y testificar desde una silla ubicada al lado del juez frente a la corte.

Cuando los abogados le preguntaron sobre su ataque, ella no pudo hablar acerca de eso. Su petición de asilo fue negado.

Mendez-Diaz sería deportada.

Más tarde, en la banqueta del exterior, se apoyó en un pilar, limpiando sus ojos, tratando de tener un nuevo plan de sobrevivencia para la familia.

“No me puedo ir”, se lamentó.

Ella quería hablar sobre el ataque, dijo. Ella todavía tenía miedo del hombre, de lo que le hizo, de lo que es capaz de hacer. Pero era muy personal; no se sentía cómoda hablando sobre eso.

El proceso de deportación les da a personas 30 días para apelar el veredicto.

Un abogado de Kent, Florian Purganan aceptó llevar el caso de su apelación. Generalmente toma a la Cámara de Apelaciones de Inmigración, basada en Fall Church, Va., de seis a 12 meses para decidir en este tipo de casos, dijo él.

Mientras tanto, Méndez-Díaz puede quedarse en este país. Y ahora se encuentra trabajando para un grupo que provee terapia para personas con problemas de alcohol, drogas y violencia doméstica. La mayoría de sus clientes son hispanos, ella agregó.




Depresión esparcida

La necesidad de servicios de salud mental para todos los inmigrantes se está convirtiendo en una tarea abrumadora, de acuerdo con grupos de terapia, asistencia legal y distritos escolares. Todos están tratando de llegar a familias de inmigrantes para poder asistirlos.

Nacionalmente, esfuerzos se están llevando a cabo para mejorar las condiciones en los centros de detención.

En julio, la Asociación de Abogados de América le urgió al Congreso a adoptar cambios legislativos y de regulaciones “para cumplir toda la necesidad de cuidado médico de los detenidos”, incluyendo la salud mental, cuidado dental y cuidado médico en general, dijo Mark Agrast, abogado en Washington, D.C., y cabeza de la comisión nacional de inmigración de la Asociación de Abogados de América.

Localmente, Centros de Salud Comunitaria Sea Mar, organización sin fines de lucro que se especializa en servir a los hispanos, opera cuatro centros de tratamiento residencial y 12 programas ambulatorios para tratamientos de comportamiento en Washington.

Su más nuevo centro de terapia abrió en Lynnwood y Bellevue al inicio del año. Sigue habiendo una gran necesidad para especialistas de salud bilingües y biculturales, incluyendo psiquiatras, y enfermeras psiquiátricas, dijo Claudia D’Allegri, vice presidenta de salud de comportamiento de Sea Mar.

Sea Mar otorgó servicios de salud mental a 3,688 clientes el año pasado y ayudó a casi 2,000 adolescentes y adultos con servicios de alcohol y drogas.

Los hispanos generalmente no van a terapia de consejería para ayuda con depresión u otros problemas mentales. Frecuentemente, ellos buscan ayuda para un problema médico o problemas de alcohol o drogas.

Durante el tratamiento, consejeros los ayudan a entender las raíces de sus problemas incluyendo depresión sin ser tratada u otro tipo de enfermedad mental.

“Podemos ver señales de depresión en los primeras dos semanas del tratamiento”, dijo D’Allegri.

Sea mar no es la única agencia de consejería en la área ayudando a los hispanos.

El Servicio de Consejería y Referimiento Consejo, con oficinas en el condado de King, ayuda a aproximadamente a 700 niños, adolescentes y adultos anualmente, dijo María López, directora clínica asociada de servicios para niños y la familia.

La organización sin fines de lucro provee programas de violencia doméstica, drogas y alcohol y servicios familiares de salud mental.

Como en Sea Mar, las personas no vienen buscando ayuda en las primeras etapas de depresión, dijo López. Ellos generalmente llegan cuando el problema se está volviendo peligroso, como cuando las personas dicen que están sintiéndose suicidas, afirmó.

En ese punto, es cuando se les dice que necesitan consejería de salud mental, “ no es que ellos no sepan lo que es”, agregó López. “Pero es un nombre, es una categoría. Ellos por lo menos son capaces de decir, OK, puedo conseguir ayuda en esto”.

La depresión no es inusual incluso para las personas que tienen familia viviendo con ellos. El ritmo de intentar ganarse la vida puede obstaculizar las interacciones donde pensamientos y emociones pueden ser compartidos. Dentro de la cultura, a veces los sentimientos no son compartidos directamente, debido a los roles dentro de la familia. Sin embargo, mucho se puede entender cuando las familias pasan tiempos juntas.

“Muchas de las familias (aquí)están trabajando sin parar. Estas se encuentran en un remolino. Lo que es más importante es hablarse uno al otro, para apoyarse”, dijo López.




Conectando con las familias

El Distrito Escolar de Edmonds es uno de varios distritos escolares a través del estado tomando pasos para ayudar a los padres que hablan español se sientan bienvenidos, dijo Kelly Land, partidista de recursos familiares.

En la preparatoria Lynnwood, una reunión de bienvenida para familias fue realizada en español, declaró Land. El año pasado había un programa para preparar a padres de estudiantes de secundaria para llevar a sus hijos a la universidad

Lo más importante es que los padres se sientan cómodos en venir a la escuela para pedir ayuda y saber que serán bienvenidos.

Al establecer esta confianza, Land es capaz de referir a estudiantes y familias a una variedad de recursos en el área, desde donde conseguir consejería en salud mental, a centros de apoyo familiar y cuidado médico.

“Estamos conectando para que todos se sientan cómodos, no sólo familias que hablan inglés”, dijo Land.

La necesidad continúa creciendo. “Tengo llamadas todo el tiempo preguntando si tenemos recursos, programas de mentores”, dijo Arlie Neskahi, el coordinador de alcance familiar y multicultural del distrito escolar. “Hay realmente una falta de servicios específicamente culturales en la región”.

“Nos hemos hecho más diversos”, dijo. “Estamos en esta etapa de transición donde recursos comunitarios están alcanzando a la diversidad”.

Wendy Messarina, coordinadora comunitaria de padres hispanos para el distrito escolar de Marysville, también ayuda a conectar a estudiantes y adultos que hablan español con recursos e información, y trabaja como traductora en escuelas primarias, secundarias y preparatorias de Marysville. Pero ella a menudo ayuda a padres de Everett, Arlington y Monroe también.

Horario de trabajo pesado, a menudo con ambos padres con dos trabajos a menudo y llegando a la casa tarde, a veces deja a los niños sintiéndose como si estuvieran siendo ignorados por sus padres, dijo.

Estos padres generalmente no tienen el tiempo para asistir a reuniones escolares por la demandas de su trabajo, añadió Messarina.

Esto hace que los estudiantes sientan que sus padres no están interesados en ellos. “La adolescencia es una etapa difícil. Están en su propio mundo. En sus mentes, ellos son las víctimas”, dijo ella, no entendiendo que el trabajo duro de sus padres es para su beneficio.

Por el otro lado, unos padres no han terminado su propia educación y tienen un inglés limitado. Esto causa vergüenza porque el padre no puede ayudar al estudiante en la escuela o la tarea, dijo Messarina.

“Aquí es cuando los niños pierden el respeto por sus padres”, dijo ella.

Eso puede poner una semilla para problemas familiares más grandes.

Su trabajo se concentra en traer más entendimiento entre padres y sus hijos, y que tengan orgullo de sus tradiciones hispanas y cultura.

La meta es evitar conversaciones como la que ocurrió entre Mendez-Diaz y su hijo, Adrian, mientras caminaban en el estacionamiento del departamento de policía de Lynnwood al inicio del otoño: “Habla en inglés”, dijo el menor de 7 años a su madre, “para que no piensen que somos mexicanos”.

Segunda Parte: Como temas de salud mental pueden dejar a adolescentes sin ningún lugar a donde ir.



Sharon Salyer and Alejandro Domínguez’s reporting on the mental health challenges faced by Hispanics is part of a health journalism program offered through the Annenberg-California Endowment Health Journalism Fellowships, administered by the University of Southern California Annenberg School for Communication.

Table of contents
I: Alone Among Us (English)
I: Aislados Entre la Multitud (Español)

II: Fear of 'Loco' Label (English)
II: El miedo de ser llamado Loco (Español)

III: Cultures Turn to Traditional Ways to Heal (English)
III: Mezclando Los Dos Mundos (Español)

IV: Mental illness carries stigma among Asian cultures, too (English)
IV: Hispanos no son los únicos (Español)

Mental Health Resources
English
Español

Audio and Video
View a video feature about the Immigration and Customs Enforcement detention center in Tacoma.
View an audio slideshow about the practice of Jorge Ruiz Chacón, a curandero or natural healer.
Listen to Cristina Mendez-Diaz talk about being at the ICE detention center and her struggle with depression.
(Click play button below)
Listen to Jordan Torres talk during his time at Sea Mar's youth treatment center about his battle with drugs and depression.
(Click play button below)

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